DÉSESPOIR

En francés suena mejor pero viene a ser  lo mismo: “desesperación”.

Ha sido mi estado de ánimo de los últimos días. Una sutil pero intensa desesperación ha hecho acto de presencia. Y de repente me ha dejado de hacer gracia hasta escribirlo. Pero hete aquí que por fin hoy he conseguido separarme del flujo y voy a intentar describirlo.

Nace del estómago. Sube poco a poco por el pecho, atraviesa el cuello y se concentra en la boca. Ahí se queda. Quieres chillarlo (CHACHO PERROOOO!!) pero no sale. No puede salir.  Así que la falta de vía de escape provoca que ese nudo, que ese amasijo de cabreo, de rabia y de culpa tenga que volver a bajar.  Se expande en sentido inverso. Invade y se apodera. Y te deja con un montón de preguntas sin respuesta, de preguntas malignas: “¿acaso haces lo suficiente? ¿no será que no te mueves? ¿por qué no has conseguido dar con el master que de verdad te interesa, el que te va a dar la salida tal y como ha hecho tan estupendamente fulanita? ¿por qué menganita se lo ha montado  taan bien? ¿será que  las 20 páginas de buscadores de trabajo en las que estás metida te  están tomando el pelo? ¿será que no tienes contactos porque no te lo has sabido montar?” etc etc.

En resumen, es un asco. Pero tiene antídoto.

Anoche fue la presentación de un libro “Cinco viajes al infierno: aventuras conmigo y ese otro”  de la periodista norteamericana Martha Gellhorn.  Lo presentó otra periodista a la que no puedo admirar más: Ángela Rodicio. Resulta que la vida de la Gellhorn, una de las mejores en la profesión del siglo XX,  fue básicamente viajar  como reportera por todo el mundo y cubrir guerras casi hasta los ochenta años. Empezó por la  civil española en el 36  y acabó con la invasión de Panamá en el 81. Sin residencia fija, una auténtica valiente. Se dejó la vida en el camino, eso sí. La charla introducida por la Rodicio fue magnífica. Otra mujer que denota pasión  por estar donde las cosas (las injusticias, sobre todo las que sufre la población civil en las guerras)  tienen que ser contadas. El oficio del periodismo en su estilo más puro, más desprovisto de falsos brillos y de egos sobrecargados.

La conclusión es que la profesión no pasa por un buen momento. A la primera guerra de Irak en el 90 TVE enviaba equipos de seis personas y por tiempo indefinido. Ahora a dónde sea (ponle Libia) van dos y como mucho dos semanas. No hacen falta periodistas y la información está mucho más controlada, es mucho más difícil acceder a lo que de verdad está pasando. Pero como dice la Rodicio “siempre hay una veta para la aventura”. Esperemos no olvidarlo.

 

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